Las decisiones para el ordenamiento de una ciudad no pueden ser modificadas o alteradas en el corto plazo. El plan de ordenamiento territorial reconoce las diferencias existentes entre factores coyunturales y flexibles y los componentes que afectan y estructuran el territorio a largo plazo; estos demandan una acción sostenida en el tiempo y en el tipo de actuación. La visión de largo plazo permite identificar los temas del ordenamiento que selectiva y estratégicamente deben orientar el desarrollo futuro de los municipios y las cuencas hidrográficas.
La gestión y fortalecimiento de capacidades locales en particular en las municipalidades podría permitir a mediano plazo la adopción de un Modelo de ordenamiento. El modelo territorial es en esencia una imagen deseable del área urbana y rural y de su entorno hacia el futuro. En esta imagen, el municipio ya construido tiene un lugar preponderante; así como las nuevas formas de ocupación del territorio.
El modelo tiene como objeto orientar y concentrar la acción de gobierno, la inversión pública y las actuaciones particulares hacia la consecución de fines previsibles a largo plazo: la sostenibilidad del desarrollo urbano, rural, la equidad social y el incremento en los niveles de productividad urbana y rural. Tiene también el objetivo de fomentar y cimentar una cultura en los ciudadanos, consistente en una visión compartida sobre el futuro de la ciudad y el territorio.
El modelo territorial se concibe como un componente dinámico con responsabilidades precisas relacionadas con el crecimiento económico y social y con los programas de convivencia ciudadana, gestión de amenazas y riesgos ante desastres naturales, y no sólo como un escenario en el que se desarrollan las actividades urbanas y rurales. Debe ser, por lo tanto, un modelo que se sustente en un “pacto social” para la ocupación, uso y disfrute del territorio.
Hacer concreto en un tiempo definido un modelo de ordenamiento a nivel municipal dentro de un enfoque de “manejo sostenible de cuencas hidrográfica” exige la acción concertada y concienzuda de los sectores público y privado. No se trata solamente de una formulación técnica y de su proceso de gestión, sino también de una construcción colectiva en el largo plazo, capaz de convocar a todos los ciudadanos alrededor de objetivos comunes que permitan sumar esfuerzos y voluntades.
Por lo tanto, la formulación del POT se fundamenta en un amplio proceso de participación que permitió conocer las reflexiones y propuestas de los diversos sectores del municipio y confrontarlos con un riguroso trabajo técnico, para construir un diagnóstico y una propuesta claramente sustentados, que dinamizarán las discusiones sobre el manejo de recursos naturales, hídricos y ambientales, con el fin elaborar con precisión cada uno de los componentes que viabilicen la operativizacion del “Plan de Ordenamiento Territorial” (POT). El modelo propuesto para la elaboración de “Planes de Ordenamiento Territorial” parte de un enfoque holístico que la “Escuela de Planificación Orgánica Evolutiva” propone como la plataforma de desarrollo territorial, la cual consiste de la validación en los tres municipios seleccionados de una serie de herramientas de gestión que permitirán fortalecer la arquitectura institucional y social que sustentara la operativizaciòn futura de los planes de ordenamiento territorial, entre estas herramientas de gestión se pueden enumerar:
1) Estudio de Capacidad de Uso de la Tierra (ECUT);
2) Mapeo de Actores Claves (MAP);
3) Diagnostico de Áreas Criticas (DAC);
4) Caracterización Socioeconómica Rápida (CSR);
5) Sondeo de Valorización Hídrica (SVH);
6) Modelo de Priorización de Microcuenca (MPM);
7) Modelo de Ordenamiento Territorial para Municipios Predominantemente Urbanos (OTUR);
8) Método para implementación de Regiones de Conservación y Desarrollo Sostenible.
El POT presta atención especial a la orientación y definición de la actuación pública como elemento determinante en su concepción y ejecución. Define la responsabilidad del municipio en la construcción de los “sistemas generales” (infraestructuras y equipamientos) concebidos como la base indispensable para el desarrollo urbano y rural. A su vez, el ordenamiento territorial prefigura un tipo de actuación que sobrepasa el carácter puramente sectorial de la inversión pública–un factor común a los numerosos programas que adelantan consuetudinariamente las entidades distritales, (como vivienda, agua potable, vialidad, educación, salud o bienestar, por ejemplo)– para considerar su impacto sobre el territorio, y lograr la coordinación necesaria para que los equipamientos se conviertan en los elementos primarios de ordenamiento del territorio.
La coordinación territorial de la inversión pública y su articulación con los proyectos del sector privado a través de los programas y de las regulaciones normativas, permitieron definir operaciones urbanas y rurales estructurantes para el territorio, que abren oportunidades para las inversiones privadas para los próximos años en los municipios seleccionados. Las operaciones seleccionadas servirán como actuaciones estratégicas para iniciar el desarrollo del Plan y potenciar los proyectos individuales. Entre estas operaciones se enfatizaran aquellas tendientes a consolidar los elementos estructurantes de la forma urbana y a superar los atrasos más notorios en las infraestructuras y los equipamientos en el desarrollo municipal, que obstaculizan el desarrollo futuro: el transporte, el saneamiento, la protección de los recursos naturales, la gestión de riesgos, el manejo apropiado de residuos sólidos y la vivienda social.

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